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Una esquina en Santa Clara por la que los padres evitan pasar.

Hace meses el Piropo dejó de ser un lugar frecuentado en Santa Clara. La antigua cremería gozaba de mayor popularidad entre quienes buscaban un café que entre los pocos que podían tomarse allí un helado.

Pero con la destitución de la antigua presidenta del gobierno en la provincia, se expandió una fiebre constructiva y de reanimación urbana, que pretendía legitimar al nuevo presidente desde la mejora del rostro citadino, deslucido por los años y la desidia de los jefes. Entonces el Piropo también fue reconstruido, pero perdió sus clientes habituales.

Luego de largos meses de trabajo, el establecimiento volvió a abrir sus puertas con otro nombre, un nuevo diseño, y ofertas destinadas fundamentalmente a los niños. Ahora su interior recrea un parque de diversiones, las mesas simulan los coches de un tren de merengue y el techo de colores nos recuerda un carrusel.

Los helados y dulces invitan a los chicos que transitan por allí, sin embargo, no es un lugar frecuentado por los niños.

Esta heladería se ubica en una intersección privilegiada de la ciudad, entre la calle Lorda y el Boulevard santaclareño. Justo enfrente está la Primaria Hurtado de Mendoza, reabierta también luego de un costoso proceso de restauración patrimonial, y considerada ahora mismo la “escuela vitrina” de la urbe.

Al costado del antiguo Piropo —ahora conocido como Dulce Crema —, encontramos La Muralla, una TRD recién reconstruida y con ofertas caracterizadas de ropa, calzado, y alimentos para niños. Mientras que en otra de las esquinas se halla La Época, una controvertida juguetería, que ha dado mucho de qué hablar desde su apertura en diciembre de 2017. Un sitio inquietantemente bello para los pequeños, donde se venden ilusiones impagables para la mayoría de los padres.

No son ociosos los anteriores detalles, sirvan para describir el lugar escogido por los gobernantes de la provincia para dotar a la ciudad de una suerte de “esquina infantil”.

Sin embargo, muchos padres evitan pasar por este tramo del boulevard con sus pequeños, pues resulta difícil complacer sus infantiles caprichos cuando necesitan 2 salarios mensuales completos para comprar una muñeca, o el equivalente a un día de trabajo para que su hijo disfrute, por lo menos, uno de esos dulces importados que se expenden a 0.95 CUC.

“Yo recuerdo que era una niñita cuando empezó el período especial, y las perretas que le armaba a mi mamá cuando entraba en una shopping. Por eso, siempre que puedo, evito pasar con el niño por aquí”, asegura Mayelín, de 31 años, madre de un niño pequeño y con otro por llegar.

Sin embargo, otros padres no pueden evitar el lugar, los colores, dulces, y muñecos son un poderoso atractivo a las puertas de una escuela: “La traje el día del cumpleaños y ahora siempre quiere entrar, entonces tienes que explicarle que mamá no siempre puede regalarle un peluche o comprarle un helado. Es difícil la verdad”, explica una madre que espera en el portal de la juguetería a que su pequeña de seis años salga de la escuela.

“Como dice mi esposo: esta no es una esquina para los niños, es una esquina para niños ricos”, se lamenta ella.

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